jueves, 2 de diciembre de 2010

sefardies en España;van a México

comunidad judía de origen español, habla el ladino o judeoespañol.

Se trata de los sefardíes: los judíos expulsados de España en 1492 en virtud del edicto de la Alhambra y que han conservado su lengua y sus costumbres a través de los siglos.

Pero, a pesar de que el ladino es la lengua materna de los 20.000 sefardíes de Turquía, sufre un severo abandono por parte de los jóvenes que prefieren hablar en turco, el idioma oficial y más extendido en el país.

‘Hasta la generación de los que nacimos en los años sesenta, el ladino era una de las lenguas que se hablaba en los hogares sefardíes. Sin embargo, ahora se habla cada vez menos porque ya no es la lengua que se habla en las casas, así que, si un joven sefardí quiere aprender ladino debe apuntarse a un curso’, explica Karen Gerson Sarhon con ligera tristeza en su lengua judeoespañola, que recuerda mucho al castellano antiguo.

Gerson Sarhon es la responsable del suplemento en ladino ‘El Amaneser’ y directora del Sentro de investigaciones sobre la Kultura Sefardi Otomana-Turka y una de las personalidades más empeñadas en la defensa de la cultura del judeoespañol.

Para Sarhon existen varios factores por los que se fue abandonando el judeoespañol entre los que destacan la influencia del francés durante el siglo XIX, el abandono del alfabeto ‘Rashi’ por el latino y la implantación de la educación nacional turca tras la instauración de la República por parte de Mustafá Kemal Atatürk.

‘Cuando se fundó la República de Turquía, hubo un cambio en la filosofía de la comunidad sefardí y sus dirigentes decidieron que la comunidad se abriese y se integrase en la sociedad turca’, explica Sarhon.

‘Los sefardíes querían dejar claro que eran ciudadanos turcos ‘de fe judía pero leales a la República de Turquía’ -prosigue la intelectual judeoespañola- Así que se pusieron a aprender el turco porque aunque lo hablaban algo, tenían un terrible acento español’.

Este abandono se produjo también por una caída del prestigio de la lengua ladina -agravada por la marcha de muchos sefardíes a Israel donde el hebreo pudo con el judeoespañol-, que perduró hasta los años noventa.

‘Estábamos a punto de perder toda nuestra cultura pero el trabajo de diferentes personas en todo el mundo ha conseguido que ahora empecemos a ver cierta recuperación’, sostiene Sarhon.

De hecho, algunos de estos jóvenes sefardíes que ya no hablan ladino en casa se apuntan a cursos de español moderno. ‘Si aprenden el español moderno la herencia sefardí será accesible para ellos porque una lengua no es una cosa abstracta, sino que a través de la lengua se produce la cultura y la forma de pensar. Y nosotros somos un pueblo mediterráneo que habla español’ reitera.

Sefarad, la tierra española que los judeoespañoles dejaron atrás hace siglos, sigue en la mente de los sefardíes.

‘Cuando un sefardí va a España, su sentimiento es muy curioso porque no se siente en un país ajeno sino como en casa’, asegura Sarhon.

Si los jóvenes sefardíes de Turquía consiguen no olvidarse del todo de sus orígenes, el ladino podría experimentar un renacimiento porque, como afirma un refrán judeoespañol divisa del periódico ‘El Ama

2 comentarios:

  1. Los sociólogos israelíes suelen distinguir entre los laicos (poco interesados por la religión, aunque no necesariamente antirreligiosos), los tradicionalistas (cuya práctica religiosa es parcial), los ortodoxos (de práctica religiosa estricta, aunque inmersos en el mundo moderno) y los ultraortodoxos o jaredíes (de práctica religiosa estricta, que rechazan ciertas formas de modernidad, fuerte voluntad de separatismo social: vestimenta específica, barrios específicos, instituciones religiosas específicas).1
    Los jaredíes no se definen a sí mismos como ultraortodoxos, sino como judíos ortodoxos jaredíes ("los que tiemblan", en el sentido de "los que tiemblan ante Dios", o los "que temen a Dios"). La raíz de la palabra jaredí es jarada, la palabra más rotunda en hebreo para designar el miedo, indicando que un jaredí se siente "aterrorizado" ante la idea de violar cualquiera de las 613 mitzvot.
    Los ortodoxos "modernos" y los jaredíes no se diferencian en nada desde el punto de vista teológico, pero sí en su modo de vida y orientaciones políticas.

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  2. diferencian en nada desde el punto de vista teológico, pero sí en su modo de vida y orientaciones políticas.
    [editar]Origen de la divergencia entre ortodoxos y ultraortodoxos



    Rollo de la Torá.
    Durante siglos, no existió el concepto de judaísmo ortodoxo, puesto que para ello hubiera sido necesaria la existencia de un judaísmo heterodoxo. De hecho, este judaísmo heterodoxo existía (por ejemplo, los karaítas), aunque su relevancia no era lo suficientemente significativa como para dar origen a una denominación específica.
    En el siglo XIX, la llegada a Occidente de la modernidad hace que se produzcan fuertes evoluciones en el judaísmo, primero en Alemania y más adelante en toda Europa. De modo particular aparece durante la primera mitad del siglo XIX en Alemania un "judaísmo reformado", que pone en cuestión el lugar del Talmud en la liturgia[cita requerida]. El "judaísmo ortodoxo" se ve, pues, obligado a definirse como salvaguardia de la tradición religiosa ante este nuevo fenómeno.
    Pero la cuestión de la "modernización" de la religión judía no fue la única que ocasionó la fractura. Fue el tema de la modernización de las sociedades judías en su conjunto (en lo relacionado con las estructuras sociales, con las estructuras de poder y con las relaciones con el Estado) el que se planteó. Y ahí, las respuestas entre los distintos grupos ortodoxos no fueron unánimes.
    A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la corriente llamada neoortodoxa alemana, siguiendo al rabino Samson Raphael Hirsch (1808-1888), teoriza acerca de un moderado acercamiento a la modernidad técnica y social. Según esta teoría, los judíos no deben alejarse de sus valores, pero pueden participar en la vida social del entorno en el que se mueven. En cambio, y contrariamente a los reformados (y a los asimilacionistas), que consideran que el hecho religioso judío debe permanecer en el ámbito privado, la nueva ortodoxia considera que los judíos también deben existir como colectivo organizado, por lo que deben rechazar asimismo aquellos aspectos del mundo moderno que sean contrarios a los 613 mitzvot (mandatos) reunidos por la tradición.


    Cubierta de un Talmud.
    Sin embargo, otra corriente rechazó frontalmente la entrada en las sociedades occidentales consideradas opuestas por sus valores a la tradición judía. Esta corriente apareció sobre todo en el este de Europa. Aceptó algunos aspectos de la modernidad técnica, pero rechazaba casi todos los aspectos relacionados con la "modernidad" social o política: nacionalismo, democracia, salida del gueto...
    En un primer momento, los ortodoxos permanecieron bastante unidos. Así, la nueva ortodoxia alemana y los conservadores del este de Europa fundaron conjuntamente el partido político Agudat Israel en 1912 en Polonia. Se ven afectados por el peligro que corren los judíos religiosos en general, por lo que se unen. Ambos grupos rechazan el sionismo, la asimilación, el socialismo, el ateísmo... Pero en el periodo de entreguerras, las divergencias entre ortodoxos "modernos", más o menos influenciados por las tesis del rabino Samson Raphael Hirsch, y los conservadores se acentúan. Se puede ya hablar en ese momento de la existencia plenamente asumida de una rama específica: la ultraortodoxia. Los ortodoxos "modernos" abandonan Agudat Israel en esa época.

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